Hacia una Psicología Espiritual




Autor: Francisco Jorquera Valdés
Fuente: Revista Holística Anima Gaiae


Escribir sobre Psicología es un tremendo reto, ya que hoy esta ciencia se encuentra en constante transformación, ha pasado de ser de un modelo científico dualista a uno holístico integrador, en el cual el ser humano se ha logrado considerar como un ser de multidimensional, con cuerpo, mente, emociones y espíritu. Para poder entender este proceso es necesario volver a las raíces de esta ciencia.

Como probablemente hemos leído por ahí, la palabra Psicología proviene del griego “psykhé”, que junto a “logos” se podría traducir como “estudio del alma”, definición que en los albores de esta joven ciencia generó tremendas dificultades epistemológicas, es decir, sobre lo que debía estudiar esta disciplina, ya que ¿cómo podríamos estudiar el alma?, lo que sin duda era muy complejo, por lo que la psicología se definió como la ciencia que estudia la conducta humana y los procesos mentales. Sus primeros intentos fueron a través del estructuralismo y funcionalismo, es decir en cuantas partes se podía dividir y cómo funcionaba la mente humana. El espíritu de aquellos tiempos tenía que ver con medir, dividir, estandarizar, poder “ver” lo que no se podía ver, es decir, como lo que ocurría dentro de nuestras cabezas podría ser objetivo, visible. Es en este proceso, cuando surgen dos grandes fuerzas en esta disciplina, primero la obra de Freud que dió el origen al Psicoanálisis y por otra parte el Conductismo de Pablov, Watson y Skinner.

En el Psicoanálisis se estudió los procesos intrapsíquicos del Ser Humano, tales como, impulsos, angustias y mecanismos de defensa., todos aspectos “no visibles”. En el Conductismo, en cambio, se postulaba básicamente que nosotros nos relacionábamos con el entorno a través de “estímulos” y “respuestas” (condicionamiento clásico) o a través de “Estímulos”, “respuesta” y “consecuencia” (condicionamiento operante), teniendo una visión completamente mecanicista del ser humano, donde los procesos mentales no existían, solo era válido la conducta observable.

Estas dos teorías fueron las imperantes durante 1900 y 1950, por una parte, solo se estudiaban los procesos intrapsíquicos y por otro lado solo la conducta observable, lo que generaba un clima dividido y hostil entre ambas corrientes, ya que eran dos visiones y puntos de vista opuestos sobre lo que debía estudiar la psicología.

Es así como en los años 60´s surge la Psicología Humanista, centrando su interés en fenómenos que se habían dejado de lado hasta el momento en el ser humano como objeto de estudio, comenzando a estudiar el amor, creatividad, sexualidad, humor, sensaciones, sentimientos, emociones, cultura.

Esta nueva Psicología, deja de ver al ser humano como víctima de sus impulsos, ni el ser humano como un robot que solo responde a estímulos, si no como creador de su propio futuro. Es en estos años cuando la Psicología se comienza a abrir a la multiplicidad de fenómenos, tales como, el estudio de la conciencia, los estados alterados de conciencia, la espiritualidad, la energía, la sabiduría del cuerpo.

Se comienza a ver al ser humano como una persona integrada por múltiples dimensiones, que van desde la física a la espiritual.

Como psicólogos, hemos pasado de entender al “paciente” como una persona “enferma” y “sin capacidades”, necesitado de un “Experto”, a ver al paciente como un Ser dotado de capacidades y motivado por ser feliz. Este ser humano apreciado por la nueva psicología , es capaz de descubrir sus fortalezas y tomar conciencia de sus necesidades para realizar los cambios.

Esto sin duda, genera discusiones, ya que como Psicología no nos podemos desprender de nuestras raíces, el eterno conflicto de cómo acercarse al “Fenómeno”. Sin embargo, hoy tenemos la oportunidad de honrar dichas trabas y abrirnos a la experiencia, es decir,

abrirnos al mundo que el cliente trae a la consulta. De este modo, podremos comprender desde su óptica, lo que hoy

puede trascender, cambiar y transformar, confiando en sus habilidades. Más aún, este enfoque invita a confiar en el plano espiritual, en un plan mayor, en el que se considera a los eventos como sincrónicos, apreciando de esto modo el espacio clínico y a sus actores, como dos aspectos de un mismo ser, que se “encontraron” para aprender el uno del otro. Debido a lo anterior, el espacio de psicoterapia cambia, ya no existe un experto y un enfermo, si no que dos personas que se encuentran para evolucionar.

Actualmente, el Psicólogo (a) ha comenzado a integrar nuevas herramientas terapéuticas que responden a esta visión, que va más allá de la mente dual, permitiendo un acercamiento al Espíritu del ser humano. Algunas prácticas que se integraron producto de esta apertura son las sustancias psicodélicas para la exploración de la conciencia, investigación de experiencias culmines en distintas instancias, emergencias espirituales, integración de las creencias religiosas, el estudio de la conciencia en la neurología, entre otras.

Algunas de las disciplinas específicas que se han comenzado a utilizar en psicoterapia y en otros procesos terapéuticos, para favorecer el desarrollo de la Conciencia son los Registros Akáshicos ARCI, Magnified Healing, Reiki Integral, Constelaciones Akáshicas, Mujokenai, Focusing, Numerología Akáshica, Terapias florales, Regresión, Meditación, entre otros. Estas disciplinas, apuntan a procesos de autoconocimiento y autoexploración que nos invitan a la autorresponsabilidad.

Finalmente, la Psicología, que comenzó siendo el estudio del alma, al parecer salió a explorar el camino lo concreto, lo material, como si hubiese querido encarnar en el campo de lo visible, para nuevamente tomar conciencia de su origen espiritual.

Francisco Jorquera Valdés


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